Conferencia: PERFECCIÓN MORAL
Mientras profería el sermón de la montaña, Jesús nos invitó a “ser perfectos como el Padre que está en el cielo” [1]. Claro que no debemos entender por estas palabras que podremos alcanzar la perfección infinita de Dios. Imaginar que alcanzaríamos algún día la perfección igual a la de Dios sería igualar la obra al creador y nuestra razón repudia esa idea. De esas palabras Jesús nos incentivaba a nuestro adelanto moral, a una perfección relativa. En esa conferencia vamos a tratar del tema Perfección Moral [2].
VIRTUDES: LA CARIDAD
Todas virtudes son meritorias, pues representan una señal de progreso. Hay virtud siempre que hay resistencia a las malas inclinaciones. La virtud más meritoria es la que está fundada en la caridad desinteresada y es el origen de todas virtudes.
Madre Teresa de Calcuta cuando fue ayudar a un anciano que estaba entre la basura [3], ella tendió su mano y él le preguntó: “Hermana, ¿cual es tu religión? Pues deseo convertirme…” al que ella le dijo: “¡Mi religión eres tú!” – un ejemplo de una acción completamente desinteresada.
Las personas que hacen el bien de manera espontánea, es que ya han realizado el progreso anteriormente.
El esfuerzo en adquirir conocimiento científico, aunque relacionado con las cosas materiales es útil, una vez que debemos progresar tanto intelectual cuanto moralmente y el espíritu progresa más cuando ya ha progresado en inteligencia. Además es el único bien que podemos llevar con nosotros por la eternidad, nadie nos puede quitar y ningún conocimiento es inútil, el espíritu perfecto debe saberlo TODO.
Una mujer que vivió una vida considerada “normal” para nuestra sociedad [4], sin que haya cometido ningún crimen ni falta condenable en la justicia humana, cuando encarnada todos decían que era una mujer afortunada pues tenia todo: dinero, belleza, comodidades, buena salud, placeres, en fin, la vida le sonreía. Sin embargo en la vida espiritual pasó por tormentosos momentos donde se sentía sola, perdida y culpable debido a su egoísmo: no practicó el mal pero tampoco la caridad. No se ocupó durante la vida a nadie a no ser ella misma, ahora nadie se ocupaba de ella. Otro caso pero de un señor [5] que, al reconocer su triste estado espiritual, aconseja a que vivamos de manera comedida, tanto con la comida, bebida, ropas, sexualidad, etc. y que concentremos nuestra atención a los valores del espíritu.
Aunque no seamos una madre Teresa, podemos practicar la caridad de distintas formas: además de la material que todos conocemos, podemos dedicar algunas horas en visitas a personas enfermas, ayudar a un vecino, ofrecer un hombro amigo que le escuche, saber callar sin devolver un insulto, etc.
VICIOS: EL EGOISMO
De entre los vicios comúnmente conocidos en nuestra sociedad – las drogas que todos sabemos los males que causan no solo a los dependientes sino también a los que conviven con él – hay vicios morales que pasan desapercibidos muchas veces: avaricia, egoísmo, mentira, envidia, orgullo, vanidad, etc.
Cuando Kardec pregunta a los Espíritus de la codificación cual es el peor vicio, ellos contestan que es el egoísmo [6], pues de él deriva todo el mal, es el verdadero cáncer de la sociedad. El egoísmo es incompatible con la justicia, el amor y la caridad. Es como una suciedad que está en medio del camino, la vemos, desviamos, pasamos una, dos, tres veces, cuando ya dejamos de notar la suciedad, dejamos de notar que somos egoístas.
Está tan arraigado a nosotros, porque nos acompaña desde nuestra creación como espíritus y su fuente está en un sentimiento natural [7], el instinto de conservación (cuando era importante para que sobreviviéramos) y es por eso que después de tantas encarnaciones nos resulta difícil deshacerse de él, pues exageramos ese sentimiento que era para nuestra conservación. En efecto, el hambre existe (actualmente una sexta parte de la poblacion mundial padece subnutricion, segun informe de la FAO 2009) porque existe el egoísmo. Comida para todos hay, pero la mala administración de recursos hace con que algunos padezcan de lo mínimo [8] y delante de ese cuadro, vivimos con impresionante indiferencia. “En una sociedad organizada según la ley de Cristo; nadie debe morir de hambre” [9]. Un pequeño cuento ejemplifica esa situación:
El frío del corazón
Tres hombres quedaron bloqueados en una caverna por una avalancha de nieve. Tendrían que esperar por el socorro hasta el amanecer. Cada uno de ellos traía un poco de leña y por suerte habían conseguido encender una pequeña hoguera para mantenerse calentitos. Pero tenían que mantener el fuego encendido, pues caso contrario morirían de frío antes de amanecer. Le tocó a cada uno echar su leña, era la única manera de sobrevivir.
El primer hombre era rico avariento. Miró a sus compañeros y pensó: “Yo… ¿dar mi leña para calentar a esos perezosos? Esta leña para mi tiene mucho valor y puede generarme intereses.”
El segundo era un hombre de la montaña y conocía más que los demás los caminos, peligros y secretos de la nieve. Cuando le tocó echar su leña pensó: esta nevasca podrá durar varios días, por eso guardaré mi leña pues podré necesitarla.”
El tercer hombre era un trabajador, tenía las manos con callos, señal de su dura vida de trabajo. Y en la hora de echar su leña, pensó: “Esa leña es mía, costó mi trabajo y no daré a nadie ni siquiera un trocito de ella.”
Guiados por esos pensamientos, los tres hombres permanecieron inmóviles delante del último brasa de la hoguera, que se apagó. En el día siguiente, cuando llegó la ayuda, los tres hombres estaban muertos y congelados, cada uno sujetando su leña entre las manos. El jefe del equipo de recate comentó:
- El frío que les ha matado no fue el de la nieve y si el de sus corazones.
El apego a las cosas materiales es señal de inferioridad, porque cuanto más se apega el hombre a los bienes del mundo, menos comprende su destino. Con el desinterés prueba que contempla el porvenir desde más elevado punto. Sin embargo el que despilfarra los bienes puede tener el mérito del desinterés, pero habrá faltado con la caridad, con las lágrimas que podría haber enjugado, con el trabajo dignificante que podría haber generado y así colaborar con el progreso de innumeras familias.
PASIONES
Pasión es una emoción o un deseo intenso, movimiento impetuoso que podrá ser bueno o malo, conforme el uso que se haga. Los espíritus comparan la pasión como a un caballo que es útil cuando está dominado pero peligroso cuando es él quien gobierna… Todas las pasiones tienen su principio en una necesidad o sentimiento natural. El problema reside en el exceso, y es cuando se hace perniciosa.
La literatura espirita está repleta de ejemplos, pero hay un caso bastante impactante [10], donde los espíritus más infelices aprovecharon el momento de reposo del cuerpo (durante el sueño) de un sacerdote para incitarle a caer en las pasiones y vicios degradantes. Los desencarnados le incitaban a la lascivia en una especie de carnaval, donde espíritus con la forma de enanos se hacían pasar por niños en escenarios deprimentes y así, durante la vigilia actuaba como pederasta.
Por otro lado, un buen ejemplo es la historia de los padres del niño Lorenzo de 5 años [11], que sin cualquier formación científica aprendieron y lucharon por salvarle de una enfermedad rara (ALD) y letal. Han logrado descubrir la cura y hoy muchas vidas son salvadas gracias a ello, lo hicieron pensando en su hijo pero hoy muchos otros se benefician de ello. Cuando bien dirigidos esos sentimientos son capaces de grandes hechos.
Comúnmente la pasión suele ser confundida con el amor, sentimiento sublime y que aún nos es de difícil comprensión (el mayor ejemplo de amor verdadero es Jesús, el hecho de encarnarse entre nosotros, tan primitivos y sufrir todo lo que ha sufrido por querer ayudarnos a progresar… ¡Como habrá sido difícil para un espíritu de esa elevación pasar por todo aquello!).
A veces algunos románticos suelen pensar que historias al estilo Romeo-Julieta son muy bonitas. Sin embargo el triste relato [12] de una pareja que se amaba mucho y había coordinado suicidarse para vivir juntos en la eternidad, nos informa de que, llegando en el “más allá” han sufrido muchísimo, sin poder verse con el agravante de haberse quitado la propia vida, aún expiarían muchas y muchas vidas donde tendrían la intuición de la existencia uno del otro pero no se encontrarían por un buen tiempo.
El hombre puede, con sus esfuerzos vencer sus malas tendencias, ya que representan el predominio de la materia sobre el espíritu. La manera más eficiente de combatirlas es practicar el olvido de si mismo.
CONCLUSIÓN
Terminaremos este bloque de la conferencia con un cuento muy bonito y en seguida siguen dos anexos para ayudar en nuestro Auto-conocimiento [13], [14], [15], una vez que es la clave para tornarnos mejores:
Los dos caballos
En el camino hacia mi casa, hay un pasto. Dos caballos viven allí. De lejos, parecen caballos como los demás, pero cuando se observa bien, se nota que uno de ellos es ciego. Sin embargo, el dueño no se deshizo de él y además le consiguió un amigo – un caballo más joven. Si te fijas, escucharás una campana. Buscando de donde viene el sonido, verás que hay una pequeña campanita colgada en el cuello del caballo menor. Así, el caballo ciego sabe donde está su compañero y va hacia él. Ambos pasan los días comiendo y al final del día el caballo ciego sigue su compañero hasta el establo. Si observares, verás que el caballo con la campana está siempre pendiente si su compañero le acompaña y, a veces incluso se para y espera hasta que su compañero pueda alcanzarle. Y el caballo ciego se guía por el sonido de la campana, confiando de que el otro le estará llevando por el camino correcto.
Como el dueño de esos dos caballos, Dios nos ama aunque seamos imperfectos y ciegos para los valores del espíritu. Espera pacientemente como al hijo pródigo a que regrese a casa. Algunas veces, somos como el caballo ciego que es guiado, otras somos como el que lleva la campana – el que guía (cuando ayudamos a otros hermanos). Y otras aun somos como un caballo rebelde, que quiere vivir de manera desenfrenada.
Pensemos en ello.
Fraternidad.
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ANEXOS:
CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO [13]
P: ¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorarse en esta vida y resistir a la solicitación del mal? R: Un sabio de la antigüedad os lo dijo: Conócete a ti mismo.
P: Comprendemos toda la sabiduría de esta máxima, pero la dificultad está precisamente en conocerse a sí mismo; ¿cuál es el medio de conseguirlo? R: Haced lo que yo mismo hacía durante mi vida en la Tierra: al finalizar la jornada, interrogaba a mi conciencia, pasaba revista a lo que había hecho y me preguntaba si no había infringido algún deber, si nadie había tenido quejas de mí. Así fue como llegué a conocerme y ver lo que en mí debía reformarse. Aquel que cada noche, recordase todas sus acciones de durante el día y se preguntase el mal o el bien que ha hecho, suplicando a Dios y a su ángel guardián que le iluminasen, adquiriría una gran fuerza para perfeccionarse, porque, creedme, Dios le asistirá. Inquirid, por tanto y preguntaos lo que habéis hecho y conque objetivo actuasteis en tal circunstancia; si habéis ejecutado alguna acción que no os atreveríais a confesar. Preguntaos también lo siguiente si Dios quisiera llamarme en este momento, ¿tendría, al entrar en el mundo de los Espíritus donde nada hay oculto, que temer la presencia de alguien? Examinad lo que hayáis podido hacer contra Dios, contra vuestro prójimo y contra vosotros mismos. Las respuestas serán reposo para vuestra conciencia, o indicación de un mal que es preciso curar.
Por tanto, el conocimiento de sí mismo, es la clave del progreso individual. Pero, diréis, ¿cómo juzgarse? ¿No tenemos la ilusión del amor propio que amengua las faltas y las excusa? El avaro se cree económico y previsor, el orgulloso no cree tener más que dignidad. Eso es verdad, pero tenéis un medio de comprobación que no puede engañaros. Cuando estéis indecisos acerca del valor de una de vuestras acciones, preguntaos cómo la calificaríais, si fuese hecha por otra persona; si la censuráis en otro, no podrá ser más legítima en vosotros, pues no tiene Dios dos medidas para la justicia. Procurad también saber lo que piensan los otros, y no olvidéis la opinión de vuestros enemigos; porque éstos no tienen interés en falsear la verdad y a menudo los pone Dios a vuestro lado como un espejo, para advertiros con mayor franqueza que un amigo. Aquel que tenga la voluntad decidida de mejorarse, explore su conciencia a fin de arrancar de ella las malas inclinaciones, como de un jardín las plantas nocivas; que haga el balance de su jornada moral, como lo hace el comerciante de sus pérdidas y ganancias, y yo le aseguro que el uno le será más provechoso que el otro. Si pudiera decirse que ha sido buena su jornada, puede dormir tranquilo y esperar sin temor el despertar a otra vida.
San Agustín
CUESTIONARIO BREVE [14]
1. ¿Me he olvidado de elevar mi alma a Dios, de darle gracias por los beneficios que me ha concedido, por las alegrías que he gozado, por las buenas inspiraciones que ha permitido que me diesen los buenos espíritus?
2. ¿He dudado acaso de la justicia y de la bondad de Dios? ¿He murmurado contra sus designios o las pruebas de la existencia?
3. ¿He dado a mi tiempo y a mis facultades un empleo útil, inútil o perjudicial para mí o para los demás?
4. ¿Puedo decir, al final de la jornada: He hecho algo bueno, he sido útil a mis semejantes, no he causado mal a nadie, no he faltado a los deberes de mi posición?
5. ¿He cometido alguna acción que me avergonzaría declarar?
6. ¿He hecho algo que considere digno de censura en los demás?
7. ¿Me he complacido en malos pensamientos, o bien los he rechazado?
8. ¿He resistido a la tentación de hacer el mal, o bien he cedido al impulso de algún mal pensamiento? ¿He logrado sobre mí mismo alguna victoria?
9. ¿He dicho alguna palabra, he cometido alguna acción que pudiese perjudicar a otro, herir su susceptibilidad o causarle pena?
10. ¿Ha debido sufrir alguno las consecuencias de mi carácter, de mi cólera, de mi mal humor, de mi irritabilidad, de mis excesos, de mi negligencia o de mi orgullo?
11. ¿Me he olvidado de consolar a los afligidos, o de mitigar algún sufrimiento habiéndolo podido hacer?
12. ¿Acaso he hecho a alguien lo que no hubiese querido que me hicieran a mí? ¿He hecho por los demás lo que hubiese querido que hicieran por mí?
EL HOMBRE DE BIEN [15]
El verdadero hombre de bien es el que practica la ley de justicia, de amor y de caridad en su mayor pureza. Si interroga a la conciencia sobre sus propios actos, se pregunta a sí mismo si no violó esta ley; si no ha hecho mal y si hizo todo el bien que podía; si despreció voluntariamente alguna ocasión de ser útil; si alguien tiene quejas de él; en fin, si hizo a otro lo que hubiera querido que hicieran por él.
Tiene fe en Dios, en su bondad, en su justicia y en su sabiduría; sabe que nada sucede sin su permiso y se somete, en todas las cosas, a su voluntad.
Tiene fe en el futuro; por esto coloca los bienes espirituales sobre los bienes temporales.
Sabe que todas las vicisitudes de la vida, todos los dolores, todas las decepciones, son pruebas o expiaciones y las acepta sin murmurar.
El hombre poseído del sentimiento de caridad y de amor al prójimo, hace el bien por el bien, sin esperanza de recompensa, retribuye el mal con el bien, toma la defensa del débil contra el fuerte y sacrifica siempre su interés a la justicia. Encuentra satisfacción en los beneficios que esparce, en los servicios que presta, en los felices que hace, en las lágrimas que enjuga y en los consuelos que da a los afligidos. Su primer impulso es pensar en los otros antes que pensar en sí, buscar el interés de los demás antes que el suyo propio. El egoísta, al contrario, calcula los provechos y las pérdidas de toda acción generosa. Es bueno, humano y benévolo para con todos, sin preferencia de razas ni de creencias, porque mira a todos los hombres como hermanos.
Respeta en los demás todas las convicciones sinceras y no anatematiza a los que no piensan como él.
En todas las circunstancias la caridad es su guía; dice que el que causa perjuicio a otro con palabras malévolas, que hiere la susceptibilidad de otro por su orgullo y desdén, que no retrocede ante la idea de causar una inquietud, una contrariedad, aun cuando sea ligera, pudiendo evitarla, falta al deber de amor al prójimo y no merece la clemencia del Señor.
No tiene odio, ni rencor, ni deseo de venganza; a ejemplo de Jesús, perdona y olvida las ofensas y sólo se acuerda de los beneficios; porque sabe que se le perdonará así como él hubiere perdonado.
Es indulgente con las debilidades ajenas, porque sabe que él mismo tiene necesidad de indulgencia y se acuerda de estas palabras de Cristo: Que el que esté sin pecado le lance la primera piedra.
No se complace en buscar los defectos ajenos, ni en ponerlos en evidencia. Si la necesidad le obliga, busca siempre el bien que puede atenuar el mal.
Estudia sus propias imperfecciones y trabaja sin cesar para combatirlas. Todos sus esfuerzos tienden a poder decir de sí mismo al día siguiente, que hay en él alguna cosa mejor que en la víspera.
No procura hacer valer su espíritu ni su talento a expensas de otro; por el contrario, busca todas las ocasiones de hacer resaltar las ventajas de los demás. No se envanece ni con la fortuna, ni con las ventajas personales, porque sabe que todo lo que se le ha dado, puede serle retirado.
Usa, pero no abusa, de los bienes que le son concedidos, porque sabe que es un depósito del cuál deberá dar cuenta y que el empleo más perjudicial que pudiese hacer de ellos para sí mismo, es hacerlos servir para satisfacción de sus pasiones.
Si el orden social colocó hombres bajo su dependencia, les trata con bondad y benevolencia, porque son sus iguales delante de Dios; usa de su autoridad para elevarles la moral y no para abrumarles por su orgullo, evitando lo que puede hacer más penosa su posición subalterna.
El subordinado, por su parte, comprende los deberes de su posición y procura cumplirlos religiosamente.
El hombre de bien, en fin, respeta en su semejante todos los derechos que dan las leyes de la Naturaleza como quisiera que los suyos fuesen respetados.
Esta no es la relación de todas las cualidades que distinguen al hombre de bien; pero cualquiera que se esfuerce en poseerlas, está en camino de poseer las demás.
Referencias:
[1] Mateo, 5, 48
[2] El Libro de los Espiritus, Allan Kardec. Perfección Moral.
[3] http://gecasadocaminhosv.blogspot.com/2009/05/nossa-religiao-raul-teixeira.html
[4] El Cielo y el Infierno, Allan Kardec. Cap. IV, caso de Clara.
[5] El Cielo y el Infierno, Allan Kardec. Cap. IV, “Pesares de un mimado”.
[6] El Libro de los Espiritus, Allan Kardec. p 913.
[7] Obras Postumas, Allan Kardec. “Egoísmo y Orgullo: sus causas, sus efectos y medios de destruirlos”
[8] El Libro de los Espiritus, Allan Kardec. p 702 a 707.
[9] El Libro de los Espiritus, Allan Kardec. p 930.
[10] Sexo e Obsessão, Manoel Philomeno de Miranda, psicografia Divaldo Franco
[11] Película: El aceite de la vida, dirigida por George Miller, Universal Pictures
[12] El Cielo y el Infierno, Allan Kardec. Cap. V, “Doble suicidio por amor y por deber”.
[13] El Libro de los Espiritus, Allan Kardec. p. 919
[14] El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec. (Ed. Amelia Boudet)
[15] El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec. Cap. XVII